miércoles, 25 de mayo de 2011

Sirenas.


"Hinchada el agua, espumajea,
mientras sentado e
l pescador
que algún pez muerda el anzuelo
plácido aguarda y bonachón.

De pronto la onda se rasga,
y de su seno-¡oh maravilla
!-
toda mojada, una mujer
saca su grácil figurilla.

Y con voz rítmica le increpa:
-¿Por qué, valiéndote de
mañas,
hombre cruel, tiras de mí

para que muera en esta playa?

¡Si tú supieras qué delicia
allá se goza bajo el agua,

tal como estas te arrojarías
al mar, dejando en paz la caña!

¿No ves al sol, no ves la luna
cómo en las ondas se recrean?
¿Doble de hermosos no parecen

cuando en las agujas se reflejan?

¿No te seduce el hondo cielo
cuando su azul, húmedo muestra?
Cuando este aljófar lo salp
ica,
¿del propio rostro no te prendas?

Hinchada el agua, espumajea,
del pescador la
me los pies;
siente el cuidado una nostalgia,
cual si a su amada viera fiel.

Cantaba un tanto la sirena,
todo pasó en un santiamén;

tiró ella de él, resbaló el hombre,
nunca más se dejó ver.”
(Goethe)