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miércoles, 11 de enero de 2012

A mi buitre

Este buitre voraz de ceño torvo,
que me devora las entrañas fiero
y es mi único constante compañero,
labra mis penas con su pico corvo.

El día que le toque el postrer sorbo
apurar de mi negra sangre quiero
que me dejéis con él, solo y señero,
un momento, sin nadie como estorbo.

Pues quiero, triunfo haciendo mi agonía,
mientras él mi último despojo traga,
sorprender en sus ojos la sombría

mirada al ver la suerte que le amaga
sin esta presa que satisfacía
el hambre atroz que nunca se le apaga.

Prometeo, de Richard Cosway

Unamuno y Prometeo

A la roca del mundo Prometeo,
-que es de los hombres el mejor amigo-,
con divinas cadenas atado y preso,
se alimenta de penas,
y al buitre acariciando, -su castigo-,
al buitre 'Pensamiento', así le dice:
¿Qué me cuentas? ¿Qué viste allá en las nubes?
¿Tu cuello acariciando el vil Tirano
le temblaba la mano?;
¿era más suave y blanda que esta mía?...

(...)

¡No, no esos desgarrones:
come pausado, la cabeza hundida;
mira que esos tirones
me hacen desfallecer y... no te siento:
dame un lento dolor, sordo, apacible,
dame un dolor... de vida, 'Pensamiento'!

(...)

Prometeo, de Rubens

¡Dále, dále, mi buitre, sin cuidado!
¡No temas que me muera:
manjar tendrás en mí por largos siglos;
común es nuestra vida,
y en tanto me devores
se mantendrá mi vida con dolores!

(...)

Y esto, ¿se acabará? -Todo se acaba:
en la más dura peña, gota a gota
el hilo de agua su sepulcro excava
y desde el pétreo y funerario cáliz
en vapor invisible
va a derretirse el cielo.
Gota a gota mi sangre va mellando
estos férreos lazos
que Hefestos y la Fuerza remacharon;
gota a gota los roe con la herrumbre
y ha de quebrar, al fin, su pesadumbre.
¡Viva es la sangre, muertas las cadenas!;
la guardo como arroyo
de una savia perenne que en las venas
tiene su cauce estrecho.
Y vosotras, innobles ligaduras
que me surcáis el pecho,
sois sólo hierro inerte...
¡y a la larga el que vive es el más fuerte!
¡Con el jugo inmortal de sus entrañas
arrasar puede el hombre las montañas!
Y tú, verdugo, te has de hartar un día:
llegarás a las bascas y al hastío:
tupido hasta el gañote,
a la modorra abatirás tu brío,
y alicaído, lacio,
te acostarás para dormir tu hartazgo;
colchón tendrás en mí sobre esta roca
en que a merced de tus furores yazgo.
Dormirás para siempre
aquí, mi buitre, en mí, sobre tu presa,
y yo, tu pábulo hoy, seré tu huesa.
Y tú, impasible Júpiter celeste,
Razón augusta, Idea soberana,
Buitre del universo que devoras
mundos, soles y estrellas,
Tú, a quien los siglos son como las horas,
harto también un día
la cabeza almenada de centellas
doblegarás de la modorra al peso.
¡Será tu fin, el fin de tu reinado:
sobre ti manda, incontestable, el Hado!
Y... ¿después? ¿Cuando cese EL PENSAMIENTO
de regir a los mundos?

Prometeo, de Henry Fusseli

Y... ¿después?

-¡ay, ay, ay!!!, ¡no tan recio!-
¡no tan recio, mi buitre!!
¡mira que así me arrancas la conciencia!;
¡aun dentro de tu oficio, ten clemencia!

miércoles, 21 de diciembre de 2011