miércoles, 23 de enero de 2013

Cipreses en los cementerios



 Cipariso, (Ciprés en griego) era un joven cazador amado por el Dios Apolo, que tenía un cervatillo sagrado como mascota, al que tenía una especial predilección. Un día de verano, salió con sus armas por el bosque, con intención de apresar una buena pieza y allí, vio como se movía la cornamenta de un ciervo entre los matorrales, en ese momento, lanzó su jabalina y corrió para ver el trofeo que había conseguido. Al llegar y separar el ramaje, encontró a su gran amigo ciervo tendido en el suelo, con un charco de sangre rodeándole. El joven cazador comenzó a llorar desconsoladamente y pide a los Dioses, especialemente a Apolo, que lo estaba acompañando, que lo conviertan en un ser que pudiera llorar eternamente la muerte de su amado ciervo. Apolo contestó: - Serás llorado por mi, llorarás a otros y acompañaras a los que se duelan. En aquel momento, Cipariso fue transformado en ciprés, el árbol de la tristeza, una conífera que desprende de su corteza unas gotas de resina que simulan las lágrimas humanas.

Gracias a este mito, el árbol quedó ligado para siempre al culto de Hades, Dios del más allá y esto se extendió por las siguientes civilizaciones hasta llegar a nuestros días.