miércoles, 14 de marzo de 2012

“Si fueras tú mi Eurídice, oh señora,
Ya que soy yo el Orfeo que te adora,
Tanto el poder mirarte en mí pudiera,
Que sólo por mirarte te perdiera;
Pues si perdiera la ocasión de verte,
Perderte fuerais, por no perderte.
Mas tú en la tierra, luz clara del cielo,
Firmamento que vives en el suelo,
No podía ser que fueras
Sombra, que entre las sombras asistieras;
Que el infierno contigo alumbrara;
Y tu divina cara,
Como el sol en su coche,
Introdujera auroras en la noche.
Ni yo, según mis sentimientos veo,
Fuera música Orfeo;
Pues de amor y tristeza el alma llena,
No pudiera cantar, viéndote en pena.”

Francisco de Quevedo

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